Esta semana leí un post respecto
a la violencia en el embarazo y me hizo recordar una etapa en mi vida que pensé
que ya había olvidado.
Como ya les había contado yo fui
madre cuando tenía aún 19 años, y en esa época no podía pagar una atención en
una clínica privada, por lo cual me atendí en un Hospital. Por mi edad, fui
atendida en una sección que se llamaba Madre Adolescente, y la verdad cada vez
que iba a mis controles mensuales, regresaba a casa muy triste por todos los
casos e historias que escuche en esos consultorios.
Se atendían conmigo chicas que
estaban embarazadas producto de una violación y no llegaban ni a los 15 años,
en otros casos había chicas de esa misma edad que estaban esperando a su
segundo hijo, en ese momento me di cuenta que mi realidad era totalmente
distinta, si bien es cierto era muy joven, no era una niña como muchas de esas
chicas y eso me dejaba pensando muy fuerte respecto de mi futuro y el futuro de
mi bebé.
Pero ahí no termino todo, el día
que di a luz fue realmente terrible, fue una experiencia muy fea que realmente
me dejo marcada, yo creo que es por ello que no quise tener más hijos por largo
tiempo, y cuando decidí tener un segundo bebé, fue 15 años después de esta
experiencia.
Para empezar, les quería comentar
que cuando estaba embarazada cursaba el segundo año de la carrera de Derecho,
si bien no trabajaba, tuve malestares propios de mi estado (nauseas, mareos,
etc) los 9 meses de mi embarazo. Entonces, nunca tuve tiempo ni ganas de
matricularme a las benditas clases de psicoprofilaxis que me pedían los
doctores, porque pensé que no serían necesarias.
Durante mi embarazó sentí que el tiempo paso volando, sin darme cuenta llegó el día “D” y empecé trabajo de parto en la madrugada de 16 de abril del año 2000 y di a luz
ese mismo día a la 1pm. Ustedes pensarán: ah tu trabajo de parto fue cortito,
pero para mí fue eternos.
Si bien muchas personas me habían
comentado lo que era una contracción, vivirla es otra cosa, el dolor era
insoportable, y obvio tenía 19 años y pensaba como me metí en esto. Llegue al
Hospital y no llegaba ni a 2 de dilatación y las enfermeras un poco más y se
rieron en mi cara, porque yo lloraba de dolor y ellas muy burlonas me decían
que eso no era nada a comparación de lo que se venía. No me regresaron a mi
casa, por obra y gracia del Espíritu Santo, pero hubiera preferido que lo hagan
porque en ese lapso de tiempo, pude escuchar un sinfín de comentarios muy
malintencionados como: Acaso no sabías a lo que te metías cuando abriste las
piernas, eso te pasa por meterte en cosa de grandes, ya deja de gritar si
fuiste lo suficientemente grandecita para meterte con un hombre, tienes que serlo para que paras a tu hijo.
Ese tipo de comentarios, más el
hecho que el dolor cada segundo se hacía más grande, fue una experiencia terrible
y eso que no había llegado ni a la mitad del trabajo de parto. Y si a todo eso
le sumamos que en esas épocas, no era muy común que permitan el ingreso de tu
pareja a la sala de partos, me sentía sola, vulnerable, no sabía lo que estaba
pasando y encima maltratada por el personal del Hospital. Ah y solo para
ponerle la cereza a toda esta situación, no me pusieron la epidural!
Ya para terminar este relato,
cuando ya estaba en dilatación 9, me tuvieron que cambiar de sala, entonces me
hicieron caminar un pasadizo larguísimo, para llegar a ella, y recuerdo muy
bien que la enfermera que me jalaba, porque no me estaba llevando, me jalaba,
me gritaba, tienes que apurarte porque si no te bebé puede nacer aquí en este
pasadizo… pueden imaginarse mi desesperación, en ese momento no te pones a
pensar que lo acababa de decir es improbable, solo te mueres de miedo que le
pase algo a tu bebé. Finalmente, ya echada en la camilla, lista para traer a mi
bebé al mundo, asustada, adolorida y cansada una enfermera muy poco atinada, me
dijo tienes que abrir las piernas, asi como lo hiciste cuando te acostaste con
tu marido, en ese momento solo atine a
llorar y hacer lo mejor que pude para que mi bebé llegará sanito al mundo.
Ya en mi cama, cuando me dejaron
al bebé, puedo rescatar algo, yo no tenía ni idea de cómo poner un pañal o
cambiarle la ropa, sin embargo llegó una enfermera que muy amablemente me
enseño como se debía hacer, y la verdad después de todo el maltrato que recibí
ese día, me sentí muy agradecida con ella, porque a pesar de toda esas otras
enfermeras que me trataron mal, hubo una que se tomó un tiempo para ayudarme y
hacerme sentir mejor.

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