Nota.-
este post no está hecho con la finalidad de indicar si estoy o no a favor del
embarazo adolescente, es tan sólo mi historia, lo que me tocó vivir y como lo
afronté.
Aún
recuerdo como si fuera ayer cuando me enteré que estaba embarazada, aún tenía
18 años, iba a la mitad de mi primer año de la universidad (estudiaba derecho)
y la noticia me cayó como un baldazo de agua fría.
Mi
primer pensamiento fue como se lo digo a mi mamá, me van a matar, tenía mucho
miedo, no sabía lo que iba a pasar, cómo reaccionaría mi familia, la verdad no
la pasé bien. La verdad no fue necesario decirle a mi mamá que está embarazada,
ella ya lo sabía, o tal vez lo intuía, lo único que dijo fue: piensa como se lo dirás a tu papá.
Mis
papás eran separados desde que yo tenía 11 años, él nos visitaba religiosamente
todos los domingos y ese día en especial fue muy difícil para mí, recuerdo
haber pasado tantas veces por mi sala que pensaba que se haría un hueco en el
suelo. Al final me armé de valor y se lo
dije, y la verdad pienso que le rompí un poquito el corazón, y no era para
menos, yo era su única hija mujer.
Lo
que vino después fueron meses muy complicados para mí, toda esa situación,
pienso yo, hizo que mi embarazo fuera un poco más complicado de lo normal, tuve
nauseas los 7 meses siguientes del embarazo, yo que adoraba el chocolate, no lo
podía ver ni en pintura, no podía comer nada, todo lo regresaba, subí muy poco
de peso, pero por suerte mi bebé estaba bien, creciendo sanita.
Recuerdo
que iba a la universidad y subía 5 pisos todos los días para llegar a mi salón,
y me moría de sueño en las clases, porque en las noches no lograba conciliar el
sueño por toda la situación que estaba pasando. Recuerdo que mi papá me dijo: bueno ahora toca que te cases, te dediques a
tu casa y tu bebé, olvídate de la universidad. Si bien en ese momento lo
sentí como una traición, ahora lo recuerdo y lo entiendo. Por otro lado, mi
mamá se opuso rotundamente a esa decisión e hizo lo imposible para que yo
terminará la universidad, pero esa
historia se las contaré en otro post.
Siempre
recordaré que la única que no me dijo nada negativo durante todo mi embarazo
fue mi mamá, ella fue mi comprensiva con mi situación, vio que estaba mal, me
acompaño durante todo el proceso, que la verdad fue muy difícil para mí, porque
si bien es cierto tenía todo lo necesario para salir adelante, anímicamente me
sentía mal. Tengo que ser sincera, y decirlo como lo sentía en esa época; todos,
pero todos me criticaron, me señalaron con el dedo, me hicieron sentir mal,
menos mi mamá.
Ella
fue la única que tal vez, con el dolor de su corazón, se tragó toda la
decepción y tristeza que sintió cuando se enteró de la noticia, pero me acompañó,
fue mi aliada en esos momentos, estuvo ahí inclusive el día en que nació mi
hija. Pero tampoco crean que no me dijo nada, ella esperó el momento oportuno
para hablar conmigo, unos días después del nacimiento de Daniela me cuadró y me
dijo todo lo que había aguantado durante mi embarazo, fue sincera y me dijo que
la decepcioné, pero que ella estaría ahí siempre, apoyándome en todo lo que
necesite, orientándome en la crianza de Daniela, y así fue, hasta la fecha. Ella
vive hace 18 años fuera del Perú, pero con seguridad podría decir que a pesar
de la distancia, la siento más cerca que nunca.
Yo
día a luz en el Hospital Santa Rosa de Pueblo Libre, porque no tenía para
atenderme en una clínica privada, y mis controles también los lleve ahí. Curiosamente
por mi edad, me atendían en una sección que se llamaba MADRE ADOLESCENTE, a
pesar que ya tenía 19 años, y conocí una realidad totalmente distinta a la que
estaba acostumbrada. Si yo sentía que el mundo se me venía abajo cuando me
enteré que estaba embarazada, en esa sección veía chicas de 15 o 16 años, que
estaban esperando su segundo hijo, chicas que habían sido violadas y estaban
embarazadas, pero lo que más me chocó fue que cuando di a luz, un domingo de
ramos recuerdo, me paré para ir al baño y una de las enfermeras me detuvo en la
puerta de mi habitación compartida y me dijo: señorita a dónde va?, y yo le respondí necesito ir a los servicios,
y me respondió algo que me dejo helada: señorita,
usted no puede ir sola al baño, tiene que ser acompañada por un personal del
hospital, corremos el riesgo que intente escapar y abandone a su bebé en el
hospital. Esas palabras estuvieron en mi cabeza por meses, definitivamente
lo que yo había vivido era nada a comparación de las chicas que llegaban a
atenderse en el hospital, y creo que fue algo que me ayudó a dejar de lado mi
tristeza para salir adelante por hija y por mi.
Ahora,
el momento del parto fue una experiencia inolvidable y aterradora para mí, di a
luz de forma natural y sin epidural (si, ouch), pienso que mi mamá no quiso que
me pongan la epidural por dos razones, una por miedo que algo saliera mal y
otra para que aprenda la lección (jajajajaja), y si que la aprendí, me demoré
15 años en prepararme mentalmente para tener otro bebé.
A
pesar de que esta historia serviría para una novela (Michel Alexander lee mi
post jajajajaja!), la verdad después que nació Daniela todo fue mejorando, y
eso fue porque tuve a un persona que siempre me apoyó en todo, mi mamá, ella
hizo lo imposible para que yo acabé la universidad y me gradúe, y obvio que lo
hice!. Cada vez que se me iban las fuerzas, recordaba el esfuerzo que hizo mi
mamá para que yo continúe estudiando y sacaba fuerzas de donde fuera para seguir.
Recuerdo que el día que me gradué, le mande mi diploma y la foto con toga y
birrete para que ella lo tenga, porque el hecho que yo logrará graduarme de la
universidad, no fue solo mi esfuerzo, fue también el de ella.
Por
otro lado, después del nacimiento de Daniela tuve el apoyo de sus abuelos
paternos, aunque pasé momentos muy complicados y duros con ellos, a la larga
logramos entender que la única que sufría con nuestras peleas era Daniela, y
que lo mejor era que seamos aliados a ser contrincantes. Finalmente, el papá de
Daniela me ayudó también durante mi época de embarazo, él estuvo a mi lado, y
aunque después nos separamos y cada uno siguió su rumbo, nos costó mucho darnos
cuenta que nuestras peleas y discusiones solo afectaban a una persona y lo
mejor era llevar la fiesta en paz.
#Eve
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