Al enterarme que iba a ser mamá en ambos embarazos, supe lo que realmente era la felicidad, aquella felicidad que muchas veces la sentí esquiva en mi vida, por fin llegó con ellas.
Durante los primeros meses como bien sabemos, las embarazadas nos llenamos de mil dudas, pero en mi caso las preocupaciones se multiplicaron debido a que mi esposo tiene una condición que puede ser heredada por sus hijas y a la vez porque soy profesora de educación especial, esto quiere decir que durante muchos años he podido conocer diversos síndromes y discapacidades, he podido revisar evaluaciones e informes médicos que triplicaron mis angustias – angustias propias de una embarazada – pero que pronto se fueron esfumando con la ayuda de mi buen entorno durante el embarazo.
Dicen que los embarazos son diferentes y ¡si!, es verdad. Mi primer embarazo fue genial, me sentía muy activa trabajé a full, incluso en mi penúltimo mes de embarazo, bailé una linda “diablada puneña” . Me sentía muy bien, dolores mínimos pero manejables. Mi cuerpo incluso creo que estaba en su mejor forma jeje, de espaldas no parecía embarazada. La pasé bien. La preocupación vino en el último mes de gestación ya que se me subía a presión y es por ello que fue programada mi cesárea.
Para mi segundo embarazo, mi panorama cambió, desde el día 1 hasta el final de mi embarazo, la pasé mal, vomitaba todas las mañanas al despertar como si fuera parte de mi rutina, subí de peso considerablemente, mi estado de humor cambió, me sentía agotada y sin fuerzas casi siempre. No quería hacer nada, pero lo hacía, ya que tenía una pequeña de 1 año que demandaba de mí. No veía la hora de que mi pequeña naciera, sentía que todo el oxígeno del mundo se había acabado jaja, la más exagerada. Pero así fue, y ¿la cesárea? Uff! Fue totalmente opuesta a la primera, el dolor más grande que he sentido hasta el momento. Pero nació mi beba, y todo lo olvidé al verla por primera vez y tenerla en brazos.
Qué increíble es la capacidad de una madre para poder recuperarse. Si bien en mi primer post cesárea la pasé echada en cama muy adolorida, para el segundo post cesárea, estuve activa desde el día 1 y es que tenía otra niña, ya no era yo, eran ellas 2 y debía ser la mamá que necesitaban, la mamá Lili.

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